En mediados del siglo XX, con el reconocimiento de los derechos humanos se especificaron los derechos de la mujer y los derechos del niño, surgiendo así inmediatamente un nuevo espacio de valor para los juegos y diversas formas de organizar el juego en nuestra sociedad; lo cual ha ido evolucionando como en interactivo reflejo con la actual postmodernidad.
Concomitantemente con el jugar también se valorizaron los objetos útiles para jugar: los juguetes. Sin embargo como impregnados de caracteres de la modernidad, el objeto parece sustituir al sujeto y muchas formas de recreación son en realidad una administración de juguetes, quedando algo "perdido" el sujeto que debe adaptarse a la estrategia del juguete.
Pero acercándonos nuevamente a la naturaleza del ser humano, del niño específicamente descubrimos que la alegría está sobretodo en cuando él ejerce su protagonismo. Puede ser cómodo y solo responder al estímulo del juguete o a la propuesta del adulto, pero la intensidad de su alegría y satisfacción parece sobresalir cuando él es el actor y autor ante el desafío del juego. Podríamos decir que en nuestra época los contrastes pasan por como cada uno es el protagonista en la historia de su felicidad o de sus ensueños.
Los juguetes fueron para los niños como los autos para los adultos, aparecieron como el medio de ejercer la libertad individual a través de la posesión del objeto, sin embargo con la evolución de los tiempos tenemos que cuidarnos de ellos porque nos enrarece el aire que respiramos.
Las ludotecas fueron organizadas en torno al juguete como quien descubre la salsa que da el sabor a los espaguetis, pero estamos experimentando un nuevo encuentro substancial con los sujetos a través de la expresión lúdica que parte del sujeto y las actividades de expresión creativa que proyectan a los niños y jóvenes en transformaciones de la realidad, donde el imaginario modifica el material descartable de la actualidad.
Coincidentes con una época donde varios problemas tienen un trasfondo de reciclajes: el excedente de desechos del consumo domestico, el desuso de competencias laborales, las muestras de producciones de entretenimientos muy pasajeros, cantidades de contenidos escolares sobrepasados, comportamientos de excesiva explotación de riquezas naturales,... así podemos imaginar que los juegos siendo principalmente una forma de experimentar la alegría de vivir son también un aprendizaje para reciclarnos en las perspectivas de nuevos formas de relacionarnos con las personas, con el medio ambiente natural y con los objetos.
Esta perspectiva conlleva la dificultad de convivir el placer inmediato de los juegos con valores trascendentes; conlleva el desafío de percibir el juego como forma natural de aprender permanentemente y por ende de incluir en ellos a los adultos fuere cual fuere la edad.
Conlleva la dificultad de traducir en nuestras organizaciones un principio de coeducación: con los juegos intensificamos el placer de existir y podemos renovar formas de integración del cuerpo comunitario en medio de la borrascosa desintegración social consecuente con los tiempos fractales que caracterizan nuestra actualidad.
* Prof. Dr. Raimundo Dinello
Presidente Fundador de la Federación Latinoamericana de Ludotecas.