Página principal

¿Quienes Somos?

Blogs

Deportes

Educación y Enseñanza

Educación Física

Entrenamiento

Iniciación Deportiva

Investigación

Lecturas

Medicina Deportiva

Recreación

Salud

Salud y Actividad Física

Nutrición

Programa de Radio

Monográficos

FLALU

ENLACES

DESCARGAS



 
ESCUELA
La nueva geometría escolar 
Prof. Daniel Naveiras. Argentina
danielnaveiras@yahoo.com.ar

La esfera política no entiende el presente, por tanto tampoco puede cambiar el futuro, ni siquiera anticiparse ideológicamente y, justamente por esta condición el  pasado  es simplemente un error condenado a la reproducción cultural, y a  eso se le llama pintarse la cara color de esperanza

                                                                                                                                 

Hoy tenemos un nuevo niño y joven en las escuelas, que ha construido la ficticia calidad educativa de los ochenta y, fundamentalmente, la de los noventa. La misma, que ahora, incluso, con un discurso renovado no entiende como su propia creación.

 

Es el hijo de la carencia, castigado por las consecuencias de la desocupación, la violencia, la fragmentación de su familia de origen, la falta de alimentación, los mecanismos de privación del conocimiento y la deserción escolar(1), entre otras. 

 

Es testigo forzado dentro de una endocultura, donde el héroe es el consumidor de drogas, el proxeneta, y cualquier otro delincuente. En esta red social, con estos actores, conviven con un riesgo proporcionalmente mayor, cuanto más grandes son.

 

Dicha endocultura propone una formación externa paralela que desencadena un basta a la infancia, poniendo a los niños frente a frente con una mano grande y pesada de un futuro mutado. Una perspectiva histórico-reproductivista de sus raíces generacionales, lo llevan a desarrollar una falta total de freno inhibitorio para satisfacer sus necesidades hedonistas, bien justificadas por cierto.

 

Esto los aterroriza y se defienden con un humor ahogado desde el fondo de su ser. En sus miradas, se puede ver cuando tras una broma, se asoma la posibilidad de planteárselo en términos de proyectos futuros personales: - voy a ser un cartonero, como mi viejo - mientras se reía, decía hace dos años atrás Memo (11 años).

 

Este campo de carencias pasadas que arrastró la infancia de sus padres y que conllevó a un daño social frontal progresivo, creciente y aliado del tiempo, arrastró aquel presente a una parte importante de la población que hoy se reproduce masivamente en las nuevas generaciones de forma más profunda y compleja.

 

Las palabras que enunciaban los profundos cambios económicos, políticos, sociales y culturales, presagiaban el perfil de una nueva sociedad, para cada lugar de nuestro país, con nuevas oportunidades. También decían que la educación no estaba a la altura de tales circunstancias y  que debía elevar su calidad a partir de una nueva transformación educativa. Sólo así se podría vencer a la exclusión que comenzaba a profundizarse dramáticamente, producto de la resaca de aquel pasado descuidado.

 

Pero los caminos, no fueron en esa dirección, nuestro actual presente se encargó de señalarlo concretamente. La desigualdad, hija de la exclusión tomó forma local y se auto-segmentó territorialmente y humanamente en los hijos de los niños del pasado, que vinieron a un mundo de mayor pobreza que la de sus propios padres. La misma que susurra en sus oídos infantiles la injusticia encarnada en su presente dañado y vacío de niñez (crack interno)..

 

El código, es otro, no es: cuanto se tiene, cuanto se es ; es: cuanto se carece, cuanto se es . La carencia es la unidad vital para ellos y a partir de ahí... son . En otras palabras, si carezco menos tengo más que el otro , reflejado en sus propios constructos comunitarios, como habitantes de primera o de segunda, viviendo en el mismo lugar.

 

La endocultura forzada  es el abrigo con el cual se visten sus saberes y creencias y los anteojos con los cuales miran y seleccionan la realidad, que muchas veces, encandila y hela la sangre. A este emergente natural, que implica un claro motivo gregario de esta nueva realidad comunitaria, denominada en este trabajo endocultura local , se la puede definir, como: la respuesta barrial dentro de distritos segregados, donde la población construye nuevas costumbres y comportamientos dominantes para convivir  con la trasgresión a los valores de la cultura dominante de los grandes centros urbanos no-segregados (Naveiras, Daniel 1998)(2).

 

Refuerzan estos conceptos, como puntos de coincidencia, las palabras de Harris, Marvin que definen a la enculturación como: una experiencia de aprendizaje parcialmente consciente e inconsciente, por la cual la gente incorpora gradualmente un sistema de significados y de símbolos, que la generación de mayor edad induce a la generación más joven a adoptar para definir su mundo, expresar sus sentimientos y hacer sus juicios (3).

 

Decíamos que encontrábamos equivalencia entre esta conceptualización y la observada en la nueva realidad comunal, donde se encuentra articulada la escuela, a veces espacialmente y otras a distancia , pues las familias se trasladan caminando hacia escuelas que están lejos de estos espacios endoculturales, para buscar aunque sea un progreso geográfico.

 

Los chicos responden a este micromundo incorporado desde el día a día de su situación civil local. Traen su nueva civilidad a la escuela, que no se reproduce solamente por la generación superior en edad, sino más bien que viene relacionada a la distribución del poder, otorgado por la violencia en prácticas juveniles y adultas excluyentes, pero que para ellos son plenamente inclusivas de una forma de dominación, que la otra sociedad indiferente le impone a través de la pobreza .

 

El mecanismo diferencial de este mundo local plagado de otras costumbres, actitudes y valores, carece de gradualidad, pues es directo y violento. Así, el nuevo niño escolar choca recurrentemente con la legitimación de sus carencias en una encrucijada a veces estresante e incluso violenta y peligrosa, para todos.

 

El resultado es la permanencia y el desafío a sus propias características evolutivas, dentro de un egoísmo permanente y una falsa autonomía cuyo enriquecimiento ilícito es producto de su carencia, que se combina con una atención rudimentaria y una falta alarmante de respuestas y propuestas sociales (semillas del progreso en la formación) Llamaremos a este proceso continuo: egocentrismo diferido . Así, se alejan dramáticamente de la posibilidad de disfrutar el compartir y aprender del otro.

Es más, los arrastra a la necesidad perversa de un individualismo completo, sumergiéndolos en un aprendizaje protosocial , convirtiéndolos en víctimas de una manipulación endocultural y a la larga de una explotación en el mundo del trabajo, dentro de la cultura dominante que miente a través del mercado, pues olvidó a sus padres en el pasado y ahora, hace lo propio con ellos.

 

Pero no todo está perdido, pues nos encontramos siempre con los chicos y son ellos los que tienen la capacidad de reponerse y elaborar junto a sus docentes en ese espacio pedagógico escolar, el camino para salir adelante.

 

A propósito, podemos comparar la situación de enseñanza-aprendizaje, como una caja de sorpresas o una verdadera piñata a manera de un dispositivo pedagógico del cual no somos muy conscientes los propios docentes de la capacidad de apertura, captación y disponibilidad  de los niños/as, pues lo que puede ocurrir es ciertamente a veces difícil de prever. Por tanto, nunca hay que darse por vencidos.

 

Al respecto, recuerdo que una vez estuve durante seis meses tratando de hacerle entender a todo un 6to año de la E.G.B (de una escuela en el partido de La Matanza), lo importante que eran ciertos conceptos tácticos básicos, como la distribución colectiva del balón cuya manifestación táctica, pueden observarse entre otras posibilidades, cuando un equipo establece en diferentes partes del terreno de juego,  triangulaciones y paredes, buscando superioridad numérica y nuevos espacios libres, durante el jugar.

 

Para esto, realice metodologías de ejercitaciones jugadas, donde lo importante era moverse en relación a la posesión individual del balón, y construir espacios superando el posicionamiento defensivo de algún jugador, que era circunstancialmente un opositor al poseedor del mismo.

 

Con esta falsa autonomía que este nuevo niño de las escuelas ha desarrollado, no lo hacían bien, pues casi siempre no le ponían ganas y pues sólo querían jugar al fútbol y no hacer nada sobre otros deportes; si bien le destinábamos un tiempo al fútbol, el hándball era la unidad didáctica, que en este nivel representaba estos conceptos tácticos que también eran transferibles al fútbol. Sin embargo, costó hacerles entender este aspecto relevante del juego en equipo y su proyección potencial.

 

Un día, después que realizaron algunos ejercicios de acciones simuladas , bastante bien; nos dispusimos a realizar una práctica un poco más formal del deporte. Increíblemente comenzaron a jugar con mucha progresión y búsqueda de espacios libres, hasta que realizaron una jugada impresionante de distribución del balón,  que los acercó rápidamente al área. Fue en ese preciso momento, mientras circulaban la pelota sobre la defensa obligada a formarse activamente por la excelente velocidad y precisión de los pases del equipo que atacaba, que salieron al recreo los alumnos de noveno (tercer ciclo, en la provincia de Buenos Aires) y se introdujeron en la defensa.

 

Si había una  manera de arruinar tanto tiempo de trabajo, era esa misma. En otras palabras, estaban destruyendo lo que tanto había costado; pero eso no fue todo, ante mi atónita mirada y sin tiempo para intervenir: uno de  mis alumnos al querer cerrar la jugada, y ante semejantes torres , paradas ante él, lanzó el balón que rebotó en una de las manotas de los muchachos de noveno. Todos seguimos con la mirada a la pelota, que pegó en la punta de la pared y se fue afuera, donde la esperaban dos perros a falta de uno, pasando a convertirse nuestro querido y único balón en el almuerzo que les había faltado.

 

Del otro lado, nosotros escuchando la salida del aire, los gruñidos y peleas entre los perros que se disputaban algún pobre gajito de lo que había dejado de ser una pelota. Aunque terminó mal la pelota y la jugada, esto me dejó una enseñanza aquella mañana: jamás darse por vencidos e invertir en la PIÑATA, que a la larga tiene sus frutos, aunque a veces se los coman los perros .

 

Este es el nuevo niño emergente de contextos en riesgo. Es así, que se vuelve vulnerable, quedando descartado que los contextos son vulnerables, son todo lo contrario, verdadera estructuras microsociales sobrevivientes. Por eso, sus protagonistas directos son participes del riesgo que esto implica, así vienen a la escuela y en esos mismos lugares, le damos clase.

 

Actualmente, sólo la escuela con sus docentes puede estar en condiciones de oponerse a esta realidad, como un verdadero escudo social y una herramienta de base comunal, para la transformación social. Cuando digo esto, me refiero en un sentido más amplio y profundo de lo que pueda parecer.

 

La escuela es el termómetro social, en ella se encuentran componentes vertebradores, para la planificación de un país; por ejemplo: población masiva y continuidad en el tiempo de formación con la misma, recursos humanos disponibles y perfectible. Además, todo esto se concentra en un espacio infraestructural de continencia, aunque no siempre se logre.

 

La escuela como es lógico, no condice con esa racionalidad acomodativa endocultural cotidiana, choca con esta nueva forma de vivir de los niños y jóvenes; de la cual ni siquiera los libros dan cuenta, pero que existe y que condiciona su propia noción de futuro y proyecto de vida.

 

En una encuesta educativa oficial en la Provincia de Buenos Aires, le preguntaron a una nena de 5to grado ¿qué le gustaría para su futuro? Ella contestó: me gustaría terminar la escuela para ser alguien, y salir de acá . Por eso, la escuela, su escuela, se encuentra en estos tiempos relacionada a la relevancia de generar la voluntad de superar la difícil vida barrial de su presente, donde muchas veces (demasiadas), son superados los factores de protección por los de riesgo.

De ahí, que esta realidad que tiene como telón de fondo el riesgo comunitario, pone en jaque su presente, su futuro y por lo tanto, les asusta en lo más profundo de su ser, terminando casi siempre arrinconándolos, llevándolos a reproducir violencia física y simbólica, no sólo entre ellos, sino también contra sus docentes. Por eso y por el rol que cumplen en la formación del ser humano, los docentes son un punto clave, pues si ellos abandonan esta función no desde la presencia física, pues eso no ocurrirá, sino desde su rol, el futuro del país estará condenado. 

 

Es una difícil contrapartida la cotidianeidad que viven hoy en día los niños dentro de este tipo de barrios y sus docentes, en las escuelas que los contienen y, que como se dijo, hace tambalear las esperanzas de futuro, hasta el punto que estar le produce un ahogo y esto provoca en los niños la reproducción de lo que les obligan a vivir, como un verdadero mecanismo de defensa manifiesto e injusto.

 

Es entonces, justificado y necesario pensar a la escuela y a sus actores, como un refugio donde todos estos comportamientos negativos no sean necesarios; donde realmente se siga reforzando la esperanza de ser alguien, para que surja en cada niño el espíritu de superación y les permita seguir adelante, hacia un mejor futuro, donde siempre haya metas por alcanzar. En otras palabras, la calidad educativa también se define por mantener vivo el pensamiento propio de prosperidad para el futuro, como también de lograrlo.

 

Me gustaría terminar la escuela para ser alguien, y salir de acá

                                                   Débora (10 años)  En una escuela de La Matanza

 

Notas de comentario
(1) Deserción escolar: Hay actualmente dos tipos de deserción escolar en las escuelas públicas. La primera, representa a la disminución de la población infanto-juvenil, en su concurrencia directa al sistema escolar, por la influencia negativa de la educabilidad. Es decir, a los factores como: el trabajo infantil, las carencias económicas, alimenticias, etc, que van minando  las posibilidades para  que los chicos puedan asistir a clase.

 

La segunda, es aquella que se produce con el chico dentro de la escuela; que no estudia o no aprende consecuencia de las secuelas de la  educabilidad. Pero además, porque se ha convertido en el hijo del sistema, produciendo constantes desequilibrios en la dinámica escolar, que no está preparada para contenerlo.

 

De ésta última, casi nadie habla y escribe, pero ocurre en las aulas y patios escolares y en algún momento, se convierte en noticia para los diarios o la televisión, cuando yace en el piso tapado por papeles de diario y ya no hay nada más que hacer.

 

(2) NAVEIRAS, Daniel. La educación física en escuelas de riesgo (I Parte). Publicado por la Revista Stadium Nº 189. Septiembre de 2004. Año Nº 33. Buenos Aires, Argentina.

(3) HARRIS, Marvin (1994) Introducción a la Antropología General. Editorial Alianza. Madrid, España.


Bibliografía

o            HARRIS, Marvin (1994) Introducción a la Antropología General. Editorial Alianza. Madrid, España.

o            MORÍN, Edgar (2001) Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Ediciones Nueva Visión SAIC. Buenos Aires, Argentina.

o            NAVEIRAS, Daniel (1998). La formación de redes sociales en la escuela. Revista Educación Inicial. Año 12; Nº 117. Ediciones "La Obra". Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

------------------------------  La educación física en escuelas de riesgo (I Parte). Publicado por la Revista Stadium Nº 189. Septiembre de 2004. Año Nº 33. Buenos Aires, Argentina.

-------------------------------  La educación física en escuelas de riesgo (II Parte). Publicado por la Revista Stadium Nº 190. Diciembre de 2004. Año Nº 33. Buenos Aires, Argentina.