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Si hace tan sólo una década, las actividades físicas cooperativas se veían como algo alternativo y minoritario, desvinculadas de los programas formales de Educación Física y más relacionadas con los programas de recreación y de tiempo libre, en los últimos años han aparecido en nuestro país algunas publicaciones que han servido de recurso y de orientación a muchos profesionales para introducir las actividades cooperativas en sus clases.
Contrariamente a lo que pudiera pensarse, en muchas ocasiones dichas actividades se han introducido de forma puntual, completamente desvinculadas de las bases generales de las programaciones, o se han concentrado en unidades didácticas sobre de temáticas concretas: "juegos cooperativos", "danzas del mundo", etc., lo que no ha supuesto avances demasiado significativos en el desarrollo de programas de Educación Física cooperativa. (VELÁZQUEZ, 2001).
A lo largo del presente artículo pretendemos analizar críticamente el papel que las actividades físicas cooperativas pueden jugar en los programas de Educación Física efectuando, al mismo tiempo, una serie de propuestas derivadas del análisis de experiencias de aula por si pudieran ser de utilidad a otros profesionales.
Partiremos de clarificar las características que una actividad debe tener para ser considerada cooperativa ya que, si bien la totalidad de los autores consultados coinciden en las ventajas de las actividades cooperativas para el desarrollo de valores relacionados con la cultura de la paz sin que se apunte ningún inconveniente, a la hora de determinar qué es lo que caracteriza a una actividad cooperativa se genera cierta confusión.
Estructuralmente podemos definir las actividades cooperativas como actividades colectivas donde las metas de los participantes son compatibles y donde no existe oposición entre las acciones de los mismos, sino que todos buscan un objetivo común, con independencia de que desempeñen el mismo papel o papeles complementarios (VELÁZQUEZ, 1995, 1996, 2001).
En función de la definición del objetivo compartido podemos diferenciar entre actividades cooperativas:
· De objetivo cuantificable. El objetivo, idéntico para todos los jugadores, está perfectamente definido y se puede comprobar si se cumple o no. En este tipo de actividades todos ganan o todos pierden, en función de si el grupo alcanza o no el objetivo propuesto.
· De objetivo no cuantificable. Actividades en las que el objetivo no puede ser evaluado por criterios rígidos. No puede determinarse, por tanto, si se ha cumplido o no y no existen tampoco ni ganadores ni perdedores. El papel de todos los jugadores puede ser el mismo o diferenciarse varios papeles pero todos colaboran entre sí.
Una vez definidas las características de las actividades cooperativas trataremos de avanzar hacia el papel que pueden jugar en los programas de Educación Física. Absolutamente toda la documentación analizada, valora positivamente la introducción de actividades cooperativas en los programas educativos con el fin de desarrollar en los educandos conductas de cooperación, solidaridad, aceptación de uno mismo y del otro, comunicación, regulación pacífica de conflictos, etc. (BROWN, 1992; CASCÓN Y MARTÍN, 1986; GUITART, 1990; JARES,1989, 1991, 1992; LOOS, 1989; OMEÑACA y RUIZ, 1999; ORLICK, 1986, 1990; SEMINARIO DE EDUCACIÓN PARA LA PAZ, 1991). Además, al contrario que en el caso de las actividades competitivas, no hemos encontrado ningún documento donde se exponga inconveniente alguno al hecho de introducir actividades cooperativas en los programas educativos. Sin embargo, el profesorado sigue manifestándose reacio a desarrollar programas cooperativos de actividad física y algunos manifiestan que las actividades cooperativas están muy bien en teoría pero no funcionan en la práctica.
Es cierto que, en ciertas ocasiones, se dan en la práctica una serie de situaciones que no responden a la estructura interna de la actividad, manifestándose por ejemplo conductas competitivas en juegos cooperativos. Desde nuestro punto de vista, es necesario distinguir claramente entre estructura, que se correspondería a lo que la actividad es en sí misma, en cuanto a su reglamentación, considerada asépticamente, y situación que sería el contexto en el que se desarrolla esa actividad, lo externo a ella, jugadores, experiencias previas de los mismos, espacio, materiales, tiempos, etc. Así, una misma actividad puede generar dos situaciones de juego distintas dependiendo, por ejemplo, de los participantes o incluso del estado de ánimo de los mismos en un determinado momento.
La distinción entre estructura y situación nos permite identificar y comprender el porqué de una serie de conductas que surgen en nuestras clases. Nuestro objetivo como educadores sería el de favorecer una serie de condiciones para evitar que actividades con estructura cooperativa den lugar a situaciones no cooperativas. Para ello se hace necesario una profunda reflexión de la práctica de aula orientada a identificar qué condicionantes provocan respuestas inadecuadas por parte del alumnado en relación a la estructura de la actividad. Podemos, por ejemplo, analizar si existen relaciones entre la respuesta competitiva del alumnado y los agrupamientos, los espacios o los materiales utilizados en el desarrollo de una determinada actividad, determinando el tipo de problemas que pueden surgir en la práctica y sugiriendo unas posibles respuestas orientadas a subsanarlos. Un par observaciones servirán, a modo de ejemplo, para aclarar esta cuestión.
1- El uso de materiales identificados con la práctica deportiva es más propicio a conductas competitivas sobre todo cuando el número de móviles es escaso. "Se delimita un espacio dentro del cual se depositan varios objetos. Se indica al grupo que nadie puede pisar dentro del espacio marcado y que su objetivo es conseguir sacar todos los objetos de su interior en un tiempo determinado. Para ello se entrega al grupo sólo tres balones. Durante la práctica del juego algunos de los participantes luchan por hacerse con uno de los balones para lanzar, hay personas que no tocan el balón en todo el juego". Vemos que, aunque el juego es cooperativo, se generan algunas conductas que nada tiene que ver con lo que el educador pretendía inicialmente. Para corregir esta situación podemos, por ejemplo, introducir un mayor número de móviles para promover la participación, aun cuando eso puede no generar que se comparta el material; otra posibilidad es introducir normas concretas orientadas a hacer necesaria la cooperación interpersonal, por ejemplo, que nadie pueda lanzar contra los objetos una pelota que no le haya pasado otro compañero.
2- La disposición en filas paralelas y en grupos iguales en número para la realización de actividades individuales puede derivar en situaciones competitivas como carreras de relevos. "Se dispone al alumnado en cinco filas paralelas, de cinco personas cada una. A unos metros de cada fila se coloca una pica y se entrega una pelota al primero de cada fila. Se dice al grupo que el objetivo de la actividad es botar la pelota con la mano derecha hasta la pica y regresar botando con la mano izquierda procurando no mirar la pelota durante todo el recorrido. Al llegar a la fila, se entrega la pelota al siguiente compañero. Algunas personas comienzan a gritar a sus compañeros animándolos a realizar el ejercicio rápidamente con lo que prácticamente nadie recuerda las premisas iniciales, buscando terminar antes que los demás". Como alternativas para evitar esta conducta podemos hacer grupos desiguales o disponer a los grupos de forma que no haya referencias visuales entre ellos.
Estas situaciones descritas son meros ejemplos tomados de nuestra experiencia personal cuando tratábamos de dar los primeros pasos para iniciar un programa de Educación Física orientado al desarrollo de valores relacionados con la cultura de la paz. Lo fundamental de estos registros es constatar la relación existente entre las distintas variables que determinan la situación de una actividad: materiales, espacios, agrupamientos..., y las experiencias previas del alumnado con respecto a dichas variables, de forma que si inicialmente pueden surgir este tipo de situaciones, en programas centrados en actividades cooperativas y prolongados en el tiempo, su manifestación es bastante infrecuente. De esta forma, grupos que han desarrollado procesos de inmersión cooperativa durante un tiempo más o menos prolongado, es decir, grupos habituados a cooperar, difícilmente manifiestan conductas competitivas o individuales con independencia de cuál sea el tipo de material, agrupamiento o espacio necesarios para el desarrollo de la actividad en cuestión. Por el contrario, grupos acostumbrados al trabajo con actividades con estructura competitiva tienden a generar, en un primer momento, situaciones competitivas aún cuando la estructura de la actividad no lo sea. (VELÁZQUEZ, 2001).
De todo ello queremos destacar la idea de que el mero hecho de introducir una unidad didáctica o un conjunto de actividades físicas cooperativas en los programas de Educación Física no sirve para que nuestro alumnado aprenda a cooperar, a ser solidario, a valorarse a sí mismo y a los demás, etc. Es necesario el desarrollo de programas globales de Educación Física en valores y, en particular, de programas de Educación Física para la paz, en los cuales la introducción racional de actividades físicas cooperativas nos sirva para:
· Promover la integración de todos y cada uno de nuestros alumnos y alumnas en el grupo.
· Aumentar la autoestima de aquellos niños y niñas que no tienen una correcta percepción de sí mismos.
· Favorecer conductas grupales, valorando que el trabajo en grupo es superior a la suma de las individualidades.
· Promover el gusto por la actividad física, como una forma saludable de ocupación del tiempo de ocio,
particularmente entre el alumnado con una percepción negativa de la Educación Física.
· Permitir que todos y cada uno de nuestros alumnos y alumnas participen en el éxito o fracaso a la hora de alcanzar el objetivo propuesto, asumiendo su parte de responsabilidad.
· Conocer nuevas posibilidades de juego, deshaciendo el mito de que sólo son divertidos los juegos competitivos.
· Desvincular el resultado de la actividad física.
· Favorecer conductas orientadas a reflexionar, compartir y actuar a través de desafíos físicos cooperativos.
· Desarrollar habilidades sociales a través de la práctica de actividades físicas, disfrutando así de la relación con los demás.
· Promover un clima de clase positivo, caracterizado por la expresión de sentimientos, la comunicación, la empatía, la regulación no violenta de los conflictos, etc.
Para concluir queremos sólo reseñar que el éxito o fracaso de la introducción de actividades físicas cooperativas en los programas de educación formal dependerá, por una parte, del grado de coherencia y seriedad de dichos programas y, por otra, de la capacidad de las actividades cooperativas para alcanzar los objetivos que persiguen, los cuales ya han sido expuestos, al tiempo que para dar respuesta a los distintos problemas que actualmente surgen en las clases de Educación Física. Entender la estructura de las actividades cooperativas, aplicarlas en la práctica cotidiana y analizar, desde una concepción crítica, el porqué de determinadas situaciones es lo que nos va a permitir avanzar en todo este proceso hasta alcanzar nuestro ambicioso objetivo.
Para ampliar la Información
· BROWN G. (1992): "Qué tal si jugamos... otra vez. Nuevas experiencias de los juegos cooperativos en la educación popular". Ed. Humanitas. Buenos Aires.
· CASCÓN, P. Y MARTÍN, C. (1986): "La alternativa del juego". Colectivo Educar para la paz. Torrelavega.
· GUITART, R.M. (1990): "101 juegos no competitivos". Graó. Barcelona.
· JARES, X.R. (1989): "Técnicas e xogos cooperativos para tódalas idades". Vía Láctea. La Coruña.
· JARES, X.R. (1991): "Educación para la paz. Su teoría y su práctica". Ed. Popular. Madrid.
· JARES, X.R. (1992): "El placer de jugar juntos. Nuevas técnicas y juegos cooperativos". CCS. Madrid.
· LOOS, S. (1989): "Novantanove giochi cooperativi". Edizioni Gruppo Abele. Turín.
· OMECAÑA, R. y RUIZ, J.V. (1999): "Juegos cooperativos y Educación Física". Paidotribo. Barcelona.
· OMECAÑA, R.; PUYUELO, E. y RUIZ, J.V. (2001): "Explorar, jugar, cooperar". Paidotribo. Barcelona.
· ORLICK, T. (1986): "Juegos y deportes cooperativos". Popular. Madrid.
· ORLICK, T. (1988): "El juego cooperativo". En Cuadernos de Pedagogía, nº 163.
· ORLICK, T. (1990): "Libres para cooperar, libres para crear". Paidotribo. Barcelona.
· SEMINARIO DE EDUCACIÓN PARA LA PAZ (1990): "La alternativa del juego - II. Juegos y dinámicas en educación para la paz". Asociación Pro-Derechos Humanos. Madrid.
· VELÁZQUEZ, C. (1995): "Juegos con paracaídas en las clases de Educación Física". La Comba. Valladolid.
· VELÁZQUEZ, C. (Coord.) (1995): "Ejercicios de Educación Física para Educación Primaria. Fichero de juegos no competitivos". Escuela Española. Madrid.
· VELÁZQUEZ, C. (Coord.) (1996): "Proyecto curricular de Educación Física en Educación Primaria. Una propuesta orientada a la paz". La Comba. Valladolid.
· VELÁZQUEZ, C. (2001): "Las actividades físicas cooperativas en un programa de Educación Física para la paz", en: "Actas del I Congreso Estatal de Actividades Físicas Cooperativas. Medina del Campo, 9 - 12 de julio". La Peonza Publicaciones. Valladolid.
Maestro de Educación Física en el C.P. "Miguel Hernández" de
Laguna de Duero (Valladolid).
Coordinador del Colectivo de Docentes de Educación Física para la paz -
CODEFPAZ "La Peonza" de Valladolid
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