Resumen
La presente investigación está basada en la perspectiva teórica de Enfoques de Aprendizaje del Estudiante. El objetivo de este estudio fue conocer cuáles eran los enfoques de aprendizaje que adoptaba el alumnado de la titulación de CAFD (España) y Organización Deportiva (México), diferencialmente, en función del centro donde cursan sus estudios y del género. Han participado 458 alumnos, pertenecientes a cuatro facultades, tres localizadas en España: Facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Extremadura (Cáceres) y Facultades de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF) de la Universidad Politécnica de Madrid y de la Universidad de La Coruña; y una cuarta situada en México: la Facultad de Organización Deportiva (FOD) de la Universidad Autónoma de Nuevo León.
Para la recogida de información se ha utilizado el Cuestionario de procesos de estudio de Biggs (R-SPQ-2F, 2001), en su versión en español. Las conclusiones indican que los alumnos de las titulaciones de CAFD y FOD, pertenecientes a la muestra estudiada, adoptan, mayoritariamente, un enfoque de aprendizaje profundo, seguido de un enfoque superficial y un escaso porcentaje de enfoque equilibrado. Por género, las mujeres adoptan mayoritaria y significativamente un enfoque profundo en relación a los hombres. Finalmente, el enfoque de aprendizaje profundo es el predominante en los cuatro centros estudiados, no existiendo diferencias significativas entre los mismos.
1. Introducción
La presente investigación está basada en la perspectiva teórica de Enfoques de Aprendizaje del Estudiante. Esta línea emergió hace tres décadas y está relacionada con los procesos complejos de estudio en el contexto educacional. Intenta conocer los patrones de estudio y aprendizaje en los ambientes académicos naturales de los estudiantes (Entwistle, Tait y McCune, 2000), por lo que explora cómo los estudiantes aprenden y puntualiza cómo la enseñanza y la evaluación afectan a la calidad del aprendizaje (Entwistle, 2005a; Ramsden, 1992).
Los enfoques de aprendizaje del estudiante universitario pueden estar multideterminados. Dunkin y Bidle, en 1974, establecieron un modelo que describe el proceso de aprendizaje y el funcionamiento en el aula en tres fases: Presagio, Proceso y Producto. Los factores de presagio abarcan los aspectos personales y contextuales del alumno y de la enseñanza previa a la acción educativa en un aula que influyen sobre las variables de proceso. El proceso se relaciona con la dinámica de enseñanza-aprendizaje que tiene lugar durante la interacción en clase y de la cual resulta la fase de producto. El producto son los resultados en términos cuantitativos, cualitativos, afectivos e institucionales. Este modelo, Presagio-Proceso-Producto (Modelo 3P), fue adoptado y desarrollado por Biggs (1987; 1994), para representar la perspectiva del alumno en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
Actualmente, cobra mayor importancia el estudio del aprendizaje desde la perspectiva del alumno, que es quien otorga significado y sentido a los materiales que procesa y decide lo que tiene que aprender, así como la manera de hacerlo. Por lo tanto, hay gran interés en conocer los procesos que utiliza el estudiante para aprender (Siddiqui, 2006) y construir su propio conocimiento (Agramonte y Mena, 2006).
El rol activo del aprendiz es un factor central subyacente en el Enfoque de Aprendizaje, dado que la percepción de su ambiente de aprendizaje influye en qué y cómo el estudiante aprende (Struyven, Dochy y Janssens, 2002; Ramsden, 1992) y se sustenta en la percepción del aprendiz de la tarea a realizar, en la influencia de los motivos percibidos para el estudio y en el contexto inmediato de la actividad (Biggs, 1988a).
El paradigma teórico del enfoque de aprendizaje proporciona un útil marco conceptual analítico para el entendimiento de las diferencias en el aprendizaje de los estudiantes (Entwistle y Tait, 1996). Se fundamenta en la premisa de que el estudiante se aproxima al estudio por varias razones y que estas razones influyen en la manera en que aprende (Watkins y Hattie, 1985), y asume que los estudiantes guían sus acciones por las interpretaciones que han construido acerca de un fenómeno particular (Säljö, 1988). La forma en que el estudiante estudia y aprende está relacionada con las características y cantidad de tareas solicitadas en los cursos, con el contexto educativo y con sus motivos, que a su vez influyen en las estrategias de aprendizaje.
Los estudios sobre Enfoques de Aprendizaje del Estudiante tuvieron su origen en Suecia, en la Universidad de Goteborg, con los estudios de Marton y Säljö (1976a), donde trataban de conocer lo que hacen los estudiantes universitarios para aprender y por qué algunos usan una forma de aprender que funciona en un contexto educativo mejor que otra. En las investigaciones iniciales solicitaban a los estudiantes la lectura de un texto y después, con un riguroso procedimiento de análisis de entrevistas, se establecieron las categorías y relaciones entre las categorías de las formas de estudiar (Marton y Säljö, 1976b).
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