Resumen
En este artículo apuntamos ocho dimensiones básicas que definen el nuevo concepto de exclusión social (Gómez, 2009): económico-laboral, formativo-académica, residencial, sociosanitaria, relacional-participativa, familiar y personal-cognitiva. Cada una de estas dimensiones puede medirse a través de unos indicadores cuantificables que nos darán, tras un período prolongado de registro y contraste de información, cierto diagnóstico de cuál es la situación del usuario con el que trabajamos. De la misma manera, y con la misma metodología de trabajo, hemos descrito las dimensiones con las que podemos trabajar en el ámbito deportivo.
Exclusión social, deporte, integración
Ensayo
Históricamente se ha considerado que las personas o grupos sociales con baja retribución económica se encontraban en situación de exclusión social, los llamados "vagos y maleantes", personas que no podían acceder a los bienes materiales que la gran mayoría si poseían.
Eran culpabilizados de no querer trabajar y de merecerse, por lo tanto, la situación en la que estaban.
Con el tiempo, la concepción de lo que es y de lo que supone la exclusión social se ha modificado, y no sólo en su significado sino, ante todo, en sus múltiples maneras de manifestarse. Ahora, cuando habamos o nos referimos a la exclusión social debemos tener en consideración otros muchos indicadores y dimensiones, más allá de los propiamente económicos.
Podemos encontrarnos en situación de exclusión social si en nuestro entorno más inmediato no podemos contar con las redes sociales de soporte, o si sufrimos una enfermedad grave de larga duración o crónica, e incluso si no hemos alcanzado unos mínimos académicos y formativos, y todo esto nos puede pasar pese a tener una situación económica holgada.
Así pues, la exclusión social tiene hoy día diversas dimensiones más allá de las puramente económicas. Éstas, tienen relación con las diversas y cada vez más heterogéneas formas de manifestaciones del riesgo y la vulnerabilidad social: precariedad e inestabilidad laboral, pisos patera, bajo nivel académico, valores líquidos Apuntamos, pues, ocho dimensiones básicas que definen el nuevo concepto de exclusión social (Gómez, 2009):
à económico-laboral,
à formativo-académica,
à residencial,
à sociosanitaria,
à relacional-participativa,
à familiar y
à personal-cognitiva.
Cada una de estas dimensiones puede medirse a través de unos indicadores cuantificables que nos darán, tras un período prolongado de registro y contraste de información, cierto diagnóstico de cuál es la situación del usuario con el que trabajamos. De la misma manera, y con la misma metodología de trabajo, hemos descrito las dimensiones con las que podemos trabajar en el ámbito deportivo.
Los medios de comunicación insisten en ofrecer una visión unidimensional del deporte, un deporte competitivo y cargado de grandes dosis de "espectacularidad" y valores económicos. Sabemos, sin embargo, que el deporte tiene otras muchas dimensiones, otras perspectivas que van más allá de la estricta competitividad; el deporte tiene una dimensión lúdica, una dimensión socioeducativa, una dimensión relacionada con el fitness y una dimensión instrumental y estética.
Una vez expuesto el análisis de los dos conceptos descritos, exclusión social y práctica deportiva, podemos establecer relaciones entre ambos y clarificar los límites del deporte como herramienta educativa.
El deporte entendido desde la dimensión educativa no es necesariamente socializador para las poblaciones de jóvenes y niños en situación de exclusión social. Puede serlo, obviamente, pero teniendo en cuenta ciertas consideraciones y condiciones, tanto de los que lo usan para educar como para los que lo reciben.
Por un lado hemos de tener en consideración cuáles son las bases pedagógicas y formativas de los profesionales que usan el deporte como herramienta educativa. Hemos de considerar su formación y su sensibilidad en el terreno de las dinámicas de exclusión social, y no sólo su formación en el ámbito deportivo.
Por otro lado, hemos de considerar cuál es la situación del menor que se encuentra en riesgo social, y ante todo, averiguar cuáles son las causas por las cuales se encuentra en el proceso de exclusión o vulnerabilidad.
Las circunstancias en las que vive el menor en riesgo y la mochila social, emocional y educativa que acarrea, son diferentes para cada caso y por tanto, las herramientas que usaremos para su reeducación no deben ser iguales para todos. No debemos usar la misma herramienta pedagógica para una chica con presuntos abusos sexuales, que para un chico con problemáticas de consumo o desarraigo social. Y no debemos suponer que el deporte como instrumento educativo tendrá el mismo resultado en un menor con el síndrome de hiperactividad (o TDHA), que otro menor con un episodio de estrés agudo o postraumático.
El uso de la práctica deportiva como herramienta de socialización debe darse en el marco de un protocolo de intervención educativa. Éste debe seguir unas fases de trabajo, empezando por la observación y siguiendo por la recogida y contraste de información, y el establecimiento de grupos de apoyo social (Gómez, 2009). La observación se hará en base a los indicadores relacionados con las dimensión de los conceptos anteriormente mencionados.
Bibliografía
o Gómez, C. (2009): Deporte e integración social. Barcelona, INDE
o Gómez, C. (2009): Esport, intervención educativa i exclusió social. Un estudi de casos. Tesis doctoral. Barcelona, INEFC.
o Gómez, C. (2009): L esport com a eina d intervenció educativa per a infants en situació d exclusió social. Barcelona, Fundació Ernest Lluch i Fundació Barcelona Olímpica.
Cati Gómez Lecumberri
Educadora Social
Pedagoga
Doctora en Ciencias de la Actividad Física y el deporte.
Profesora en la Facultad de Educación en la Universitat de Vic.