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Paulo Freire, maestro sin condicionamientos generacionales, sin agiornamientos de ocasión, poseedor de un pensamiento pedagógico y social liberador- y por lo tanto humanizador, debe ser leído y releído hoy mas que nunca y en nuestro país, en virtud de los pronunciamientos en torno a la ley de educación, que tanto desde nuestra posición docente, como desde el gobierno, se vienen realizando.
La puesta en práctica de su concepción pedagógica y política, y la represión que ésta padece en diferentes circunstancias y países, durante las décadas de los 60 a los 80,pone en el tapete nuevamente hoy, las diferencias entre las concepciones educativas emergentes del poder-desde los gobiernos o desde las clases dominantes, frente a las del pueblo, nacidas desde los docentes y tras la lucha- entre otros, de los viejos partidos de izquierda.
Es de lamentar que nuevamente entre nosotros, quiénes no han aprendido la lección de la historia, burócratas autoritarios y camarillas compuestas por políticos que nada saben de educación ni de historia, se pretenda llevar a recintos restringidos-sacándola del ruedo popular, una ley que tiene entre uno de sus objetivos más insolente desde esta perspectiva histórica, enterrar las ideas de autonomía humana y colectiva en materia pedagógica y política, e impedir por unos cuantos años, que se procesen los verdaderos cambios y avances que necesita nuestra educación y nuestros hijos.
Venerado por los pobres y por los públicos del mundo, Freire nos puede enseñar el camino de las transformaciones y de las leyes que las hagan posible, si sabemos leerlo. Una educación al servicio del pueblo y para el pueblo, a la vez que poner en su lugar las mas vigentes que nunca ideas de emancipación espiritual, corporal, económica, e ideológica, que buena falta le hace hoy a algunos de nuestros ministros, encuadrados en lo que Freire llama una educación bancaria .
Una ley de educación para la formación de un pensamiento político pedagógico que implique educación liberadora opuesta a la concepción opresora que condiciona la libertad, no se logra esperando de brazos cruzados, ni aceptando que desde las oficinas lleguen las leyes. Se logra paso a paso y codo a codo, sin perder ni la pisada ni el buen humor.
Como lo dice Freire, una educación liberadora para una pedagogía que denuncie las diferentes formas que tiene, adquiere y oculta la opresión y el dominio que se ejerce sobre los pueblos, en todos las dimensiones de la vida, no se logra sin esfuerzo, sin ideas, sin convicción y sin lucha.
Una ley que se acerque al pensamiento del cambio social, y que vincule teoría y práctica desde el método hasta la definición del significado del mismo cambio propuesto, debe ser humanista en sus contenidos, debe desarrollarse al andar-teoría y práctica, y será revolucionaria en sus estructuras de gobierno. Siempre. Desde la lucha por su logro, hasta el desarrollo de la letra de la teoría (ley).
Según esto, para poder plasmar los principios de una ley educativa, debemos diferenciar el proyecto propuesto, en relación a su inserción social actual, sin desconocer la historia. Es necesario, definir la esencia actual, respetando la palabra asumida, los compromisos políticos y pedagógicos que la sustentan a lo largo y ancho de esa historia, las necesidades y lenguajes de los jóvenes, con el fin de tener y dar un a visión clara de los objetivos y metas.
Conocer los destinatarios de la letra de la ley, y respetar el lugar que ocupan en ella, para la construcción de sus subjetividades ( sujetos de su propio destino como dice Freire: críticos y creativos ).
Freire nos enseñó que para una educación liberadora, el sujeto de la acción educativa debe aprender que la indignación por la injusticia da lugar y exige el mas alto respeto al saber que recibe el educando
Este saber no puede ser encuadrado en otra cosa que la necesidad del desarrollo personal y público de los destinatarios, y no puede ni debe estar atado a intereses regionales o mundiales llamados estratégicos, ni del mercado oportunista y feroz que el capitalismo nos ofrece.
La ley por tanto, debe contener los principios soberanos del ser humano( del hombre y el ciudadano ) y del educando: partiendo de la autonomía del sujeto sobre quién recae la acción educativa, el respeto por sus decisiones, y por la responsabilidad que conlleva al hacerse cargo de su creación y de su opinión en las decisiones.
Estos principios, deben ser parte importante del colectivo, del órgano de toma de decisiones, y de todo el conjunto de instrumentos que pasan a formar parte de esa esfera del hombre-destinatario de la ley.
Una educación y una ley sin autonomía en los sentidos antes definidos, para decirlo en el lenguaje de Freire, no puede tener lugar mas que en una concepción domesticadora , que dará lugar entonces a una pedagogía del oprimido .
Freire nos enseña: para que la pedagogía del oprimido deje de ser de oprimido y pase a ser pedagogía de los hombres en proceso permanente de liberación y creación, es necesario una educación liberadora (agregamos, una ley).
Una ley que contenga con absoluta claridad, quien la va a gobernar, quien va a crear las condiciones para su concepción liberadora, y quiénes lo hagan por mandato legal, no pueden estar atados a dominios económicos, ni a dependencias políticos partidarios, ni a fundamentalismos como los del neoliberalismo, cuya infiltración en los gobiernos y ministros anteriores y actuales, ha sido nefasta.
Se trata según Freire de la acción y reflexión que nos permita a educadores y educandos decir la palabra verdadera que nos conduzca a la transformación del mundo . Es hablar de la dignidad que sólo el respeto por las decisiones del conjunto, de los actores, permite, y que está siendo sistemáticamente desconocida por un puñado de hombres que creen tener el derecho exclusivo desde los organismos de gobierno y paralelos a él, de decidir por todos y a espaldas de todos.
Decir que los hombres son personas y como personas libres no hacer nada para lograr concretar que esta afirmación sea objetivada , dice Freire ( en una realidad como la ley, agregamos), es una farsa
Una educación es transformadora, cuando existe una relación permanente entre el hombre y el mundo. Para Freire, el hombre transformando el mundo sufre los efectos de su propia transformación
Por lo tanto, una educación que al objetivarse en ley, pierde su dignidad, la de los destinatarios, por ser autoritaria, o hallarse ajena a los intereses generales y a la opinión del pueblo; que se concreta y redefine entre cuatro paredes, rompe con la historia, la ignora, la usurpa.
La cultura y la educación, como expresión de la autonomía y el saber alcanzados, no es para Freire, un atributo exclusivo de las clases sociales y económicas dominantes, sean liberales o burgueses, ni de los que ostentan cargos de gobierno y o de poder. Los llamados ignorantes por éstos, son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello, son sometidos a vivir en lo que el llama una cultura del silencio .
Así ha sucedido hasta ahora en la intención y en los hechos. Así lo continúan proponiendo. Una ley de educación para la dignidad y para los públicos, con contenidos de calidad para los trabajadores y sus hijos, debe apuntar al desarrollo de una pedagogía liberadora, desde la autonomía, y desde la estructura de los órganos de gobierno, asegurando el control de los destinatarios y de los educadores, para entonces así aprender a decir su palabra , y no aprender a repetir palabras .
Para Freire esto es esencial porque hace del acto legal a educarse, un acto revolucionario : defendamos el proceso revolucionario como una acción cultural dialogada conjuntamente con el acceso al poder, en el esfuerzo serio y profundo de concietización .
No puede haber otra ley de educación en nuestros países sumergidos debido a los flagelos del capitalismo, y al drenaje de riquezas hacia el mundo de los poderosos del norte-y de lo cual los gobiernos criollos fueron altamente responsables, que aquella que coloque la ciencia y la tecnología al servicio de la liberación permanente de la humanización del hombre .
Sólo desde una ley de educación que responda de este modo a quiénes son y serán siempre sus actores de primera línea, alcanzaremos al menos la presencia viva de un futuro cierto, plasmado en el pensamiento pedagógico y político, de quiénes como Freire, siempre hablaron desde el corazón de nuestras realidades y de nuestra historia.
(Citas de las obras de P. Freire; Pedagogía del oprimido. Cartas a Guinea Bissau. Hacemos camino al andar; conversaciones sobre educación y cambio social.)
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